jueves 23 de abril de 2009

Pasen por mi nuevo blog http://lareinalunatica.blogspot.com/


La grandeza es una experiencia transitoria. Nunca es consiente. Dependen en parte de la imaginación humana creadora de mitos. La persona que experimenta la grandeza debe percibir el mito que la circunda. Debe reflexionar que es proyectado sobre él. Y debe mostrarse fuertemente inclinado a la ironía. Esto le impedirá creer en su propia pretensión. La ironía le permitirá actuar independientemente de ella misma. Sin esta cualidad, incluso una grandeza ocasional puede destruir a un hombre.

De Frases escogidas de Muad´Dib, por la princesa Irulan.

sábado 14 de febrero de 2009


FELIZ DÏA DE SAN VALENTIN A TODOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

sábado 13 de septiembre de 2008

La casita abajo de un puente

Casita abajo de un puente
lugar de cosas hermosas
y de la bella princesa
de mirada misteriosa.

Aunque en un castillo alla
muchos lujos sorprendentes
la princesa ,ojos azules
vive debajo del puente.

Aunque sea una cuevita
existen en ese lugar
desde jarras chiquititas
a un grandioso oso polar.

Casita abajo de un puente
lugar de cosas soñadas
y de luces y colores
que jamás imaginaras.

miércoles 2 de abril de 2008

Dos por tres son cinco

Sol y Rocío hacían la tarea en la biblioteca. Tenían que hacer cuentas de por, empezando por dos por dos. Las dos ponen:
2x2=4 en la hoja.
Rocío sigue. Sol deja de escribir.
- Rochu, ¿cuánto es dos por tres?
- Ay, Sol, eso es reeeeeeeeefácil... - sigue escribiendo.
- Y bueno, decime, ¿cuánto da?
- ¿Cuánto da qué?
- ¿Cuánto da dos por tres?
- Cinco, Sol, cinco.
- Ay, Rochu, me parece que no, ¿eh?
- Sí, Sol, porque mirá: si dos por dos es cuatro, es lo mismo que dos mas dos. Entonces dos por tres es igual que dos mas tres. ¿Entendés?
- Ah, sí, ya entendí.

Una pregunta

Rocío le pregunta a su mamá:
- Mami, te quiero preguntar una pregunta.
- Bueno, Rocío, ¿qué pregunta?
- Una pregunta.
- Bueno, decime.
- ¿Que te diga qué?
- La pregunta.
- ¿Qué pregunta, má?
- Pero, Rocío, dijiste que me querías preguntar una pregunta.
- ¿Y qué te voy a preguntar si no es una pregunta?
- Bueno, Rocío, preguntá.
- Y dale con eso, ¿eh? ¿Qué querés que te pregunte?
- Pero Rocío, dijiste que me querías preguntar algo...
- Ay, mami, mami, qué cosas decís. Bueno, entonces me voy a la heladería con Sol.
- Pero, Rocío, no me avisaste... no podés ir sola...
- ¡Chau, má!

Un dinosaurio en mi habitación

Era un día cualquiera de domingo por la tarde. Y como siempre estaba aburrida en tu pieza esperando a que mis papás se despertaran de la siesta. Como no sabía qué hacer me tiré en la cama a leer y de pronto por arte de magia se cayó la lata con mis lápices. Me levanté a recogerla y vi que en la tinta caída que había guardado junto con mis lápices, estaban unas huellitas muy extrañas que me pareció haber visto antes en un libro.
Fui hasta la biblioteca y agarré mi libro sobre dinosaurios, pasé las páginas y encontré la historia sobre los dinosaurios encogidos.
Era una historia que hablaba de una malvada bruja que encogió a muchos dinosaurios, sólo por maldad. Leí de vuelta la historia y encontré las huellas dibujadas de los dinosaurios, las comparé con las de la tinta y me di cuenta de que eran iguales.
Esa noche decidí buscar a mi huésped. Me acosté en la cama, luego de poner unos caramelos de dulce de leche para el dinosaurio, y me hice la dormida. Esperé, esperé y seguí esperando hasta que me quedé dormida.
Pasaron las horas y me desperté con un extraño ruido, me levanté y fui sigilosamente a prender la luz. Y entonces lo vi. Era un dinosaurio en miniatura, verde manzana con lunares amarillos y lo más extraño es que tenía unas pequeñas alitas en los pies. Cuando me vio pegó un salto y se escondió bajo el almohadón de mi silla. Me acerqué a verlo pero cuando levanté el almohadón ya se había ido.
Después de esa noche me di cuenta de que no quería ser visto y me puse a pensar en otra forma de comunicarme con él. Primero pensé en dejarle cartas, pero luego me di cuenta de que con esas patas no había forma de que pudiera escribir con lapicera. Lo pensé unos días hasta que decidí dejarle cartas en la compu, cosa de que pudiera escribir con el teclado.
Nos comunicamos durante varios días y pude ir sabiendo un poco de su historia. Resulta que él era bibliotecario y se llamaba Arturo. Me contó todo, su vida, cómo se encogió y cómo llegó a mi casa.

Ya casi nos conocíamos del todo cuando le pregunté cuándo nos podíamos ver. Luego de discutirlo un poco llegamos a hacer un trato, este era así, yo le pedía a mi mamá volver al Bolsón de vacaciones (resulta que ahí fue donde se metió en mi mochila y llegó a mi casa) y ahí nos veíamos.
Mi mamá no tuvo ningún problema, así que nos fuimos al Bolsón.
En cuanto llegamos fui al lugar que Arturo me había indicado, con él escondido en mi mochila. Me paré frente a un árbol y abrí mi mochila, y ahí estaba: mi dinosaurio verde con lunares amarillos. Pasamos unas vacaciones estupendas Arturo y yo, y a la hora de irnos Arturo se quedó. Pero todas las vacaciones vengo a visitarlo a su biblioteca en el Bolsón.